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Artículo de revisión
De las pantallas al bienestar neurodigital: depresión y ansiedad en hombres y
mujeres del Perú desde la perspectiva de la OCDE, las neurociencias y la
inteligencia artificial
From Screens to Neuro-digital Well-being: Depression and Anxiety Among Men and Women in Peru
from the Perspective of the OECD, Neuroscience, and Artificial Intelligence
Atilio R. Buendía Giribaldi
Universidad Interamericana para el Desarrollo, Perú
RESUMEN
La difusión de las tecnologías digitales ha transformado mediante procesos de comunicación, aprendizaje, socialización y construcción
de la identidad, a la vez que la ansiedad y la depresión se anclan en los desafíos prioritarios de la salud pública. En este sentido, la
investigación de la relación entre el uso de pantallas y la salud mental debe trascender el uso únicamente basado en la cantidad de horas
de uso. La reciente evidencia de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) remarca la complejidad de
dicha relación, heterogénea y dependiente del tipo de uso, del contenido, del contexto individual y de las condiciones sociales;
determinados patrones de uso digital pueden relacionarse con alteraciones del sueño, con ciberacoso, con comparación social, con
aislamiento y otros muchos factores emparentados en el bienestar psicológico. Este artículo conceptual ofrece una propuesta para una
investigación de la relación entre el uso de pantallas, la ansiedad y la depresión en hombres y mujeres del Perú, a partir de la cual las
neurociencias articulan los mecanismos neuroconductualmente y la inteligencia artificial queda constituida como herramienta potencial
de detección precoz y de prevención personalizada. Se sitúa que el impacto psicológico de la digitalización puede ser mediado por el
sueño, la regulación emocional, la atención, la actividad física y las relaciones sociales, y moderado por el sexo, la edad, el nivel
socioeconómico y el contexto territorial. Se presenta el modelo NEURO-PERÚ DIGITAL, basado en cinco componentes neurociencias,
educación, uso saludable, riesgo temprano y observación longitudinal, junto con siete hipótesis de investigación y una propuesta de
estudio nacional. El modelo busca aportar al desarrollo de políticas públicas y de estrategias universitarias orientadas al bienestar digital,
sin patologizar el uso de la tecnología ni asumir causalidad a partir de asociaciones observacionales.
Palabras clave: salud mental; pantallas; ansiedad; depresión; neurociencias; inteligencia artificial; bienestar digital; género; Perú;
OCDE.
ABSTRACT
The spread of digital technologies has transformed processes of communication, learning, socialization, and identity formation, while
anxiety and depression have become key public health challenges. Consequently, research into the relationship between screen use and
mental health must move beyond metrics based solely on the number of hours spent using devices. Recent evidence from the
Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD) highlights the complexity of this relationship, noting its
heterogeneity and dependence on the type of use, content, individual context, and social conditions; specific patterns of digital usage
can be linked to sleep disturbances, cyberbullying, social comparison, isolation, and numerous other factors affecting psychological
well-being. This conceptual article proposes a framework for investigating the relationship between screen use, anxiety, and depression
among men and women in Peru, integrating neuroscientific insights into neurobehavioral mechanisms and positioning artificial
intelligence as a potential tool for early detection and personalized prevention. It posits that the psychological impact of digitalization
may be mediated by sleep, emotional regulation, attention, physical activity, and social relationships, and moderated by sex, age,
socioeconomic status, and territorial context. The NEURO-PERÚ DIGITAL model is presented-comprising five components
(neuroscience, education, healthy usage, early risk assessment, and longitudinal observation)-alongside seven research hypotheses and
a proposal for a national study. The model aims to inform the development of public policies and university strategies focused on digital
well-being, without pathologizing technology use or assuming causality based on observational associations.
Keywords: mental health; screens; anxiety; depression; neuroscience; artificial intelligence; digital well-being; gender; Peru;
OECD.
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Universidad Interamericana para el Desarrollo - UNIDX
ISSN: 2955-8034
https://revistas.unidx.edu.pe/index.php/FitoVida
Publicado: 30 de junio de 2025
Recibido: 10 de abril de 2025
Vol. 4 Núm. 1 2025
https://doi.org/10.56275/fitovida.v4i1.49
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Introducción
La revolución digital se erige como una de las transformaciones sociales más importantes del siglo XXI, convirtiéndose en una
realidad de los teléfonos móviles inteligentes, las redes sociales, las plataformas digitales donde encontramos vídeos, los
videojuegos, los sistemas de mensajería y las herramientas de inteligencia artificial... Estas tecnologías han modificado las
maneras a través de las cuales comunicamos y socializamos durante la adolescencia, generando al mismo tiempo oportunidades
de conectividad y nuevas exposiciones potencialmente relevantes para la salud mental (Abi-Jaoude et al., 2020).
La digitalización conlleva beneficios significativos, ya que representa un acceso a la educación, a la información, a la salud, a la
comunicación y a las oportunidades económicas. A su vez, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
(OCDE) apunta, entre otras cosas, que los entornos digitales representan riesgos como el uso problemático o problemático, la
exposición a contenidos inapropiados y otras conductas perjudiciales; en consecuencia, también recoge la creciente preocupación
entre profesionales de la salud, docentes y familias por sus efectos negativos sobre el bienestar y la salud mental de los niños y
adolescentes (Organisation for Economic Co-operation and Development [OECD], 2025a).
Este mismo informe también recoge que la mayor parte de la literatura publicada en este campo es correlacional y no causal, que
los estudios poblacionales tienden a mostrar efectos moderados, y que, aunque muchos adolescentes experimentan efectos
neutros o positivos, una minoría vulnerable muestra un uso problemático de los medios digitales vinculado a resultados negativos
para el bienestar (OECD, 2025a).
Estas consideraciones son fundamentales para evitar un error conceptual frecuente: equiparar el tiempo de pantalla con la
exposición psicológica. La propia OCDE advierte que considerar el tiempo de pantalla como un todo puede inducir a error,
porque agrupa actividades muy diversas (OECD, 2025a). Una hora dedicada a una clase virtual, a una conversación familiar, a
una actividad profesional, a un videojuego competitivo o a una exposición prolongada a contenidos de comparación social
representa experiencias neuroconductuales diferentes. La relación entre digitalización y bienestar no puede reducirse, por tanto,
al tiempo total de exposición, puesto que las experiencias digitales pueden cumplir funciones educativas, sociales, recreativas o
laborales distintas.
Por ello, la pregunta científica actual sería:
“¿Cuántas horas dedica una persona a interactuar con una pantalla?” a “¿Cómo invita la persona a la interacción con una pantalla
y qué efectos tiene dicha invitación sobre el órgano, sobre el comportamiento y la salud mental del individuo?”.
El objetivo del presente trabajo es el de definir un marco de referencia para estudiar cómo las pantallas inciden en la ansiedad y
el estado de ánimo de varones y mujeres en el país, conforme a un enfoque que articula a la OCDE, las neurociencias y los
mecanismos de la inteligencia artificial (IA) para el análisis del corpus. Con este marco se presenta un modelo de prevención,
detección e intervención en el diseño de la neuroeducación (NEURO-PERÚ DIGITAL) de una propuesta de investigación
nacional con sus líneas de hipótesis y sus consecuencias para la política blica. Se trata de un trabajo de carácter conceptual,
sustentado en los informes de la OCDE y en la literatura científica generada desde el año 2020 a junio del 2025.
2. La situación de la salud mental en el Perú
El análisis internacional se ve subrayado en el Perú. La OECD citada afirma que los trastornos mentales y del comportamiento
son la segunda causa de morbilidad en el Perú, conforme a los datos de la carga de enfermedad de 2019 que nos ofrece dicho
informe. En la población joven y adulta, los trastornos de salud mental más comunes son la ansiedad, la depresión, las
autolesiones y los síntomas somáticos, que se dan en el 38 % de los trastornos de salud mental (OECD, 2025b).
Los datos disponibles en la literatura nacional también reflejan diferencias entre hombres y mujeres. En un análisis de la ENDES
2018, que incluye una muestra mayor de 31 000 adultos, la prevalencia de síntomas depresivos clínicamente relevantes fue de
6,4 %, y ser mujer, pertenecer a los grupos de 45 a 64 años o de 65 años o más, vivir en la región andina y tener hipertensión,
diabetes o discapacidad mostraban una mayor posibilidad de sufrirlos (Hernández-Vásquez et al., 2020).
Por otra parte, esas diferencias no deben entenderse como el resultado directo de la exposición digital, sino que constituyen, de
hecho, el punto de partida para investigar cómo se relacionan los factores sociales, psicológicos, biológicos y tecnológicos. Por
tanto, el Perú necesita investigar un fenómeno de esta naturaleza para responderse a dos preguntas en concreto: (a) ¿existe una
relación entre determinados patrones de uso digital y la ansiedad o la depresión en la población peruana? y (b) si existe, ¿es la
misma relación entre hombres y mujeres?
3. Más allá del concepto de “tiempo de pantalla”
Una de las principales limitaciones de la investigación que existe hoy en día se centra en proponer la pantalla como si fuera una
exposición homogénea. La evidencia existente refiere pequeñas, heterogéneas, y en muchas ocasiones no causales, asociaciones,
entre uso de medios digitales y desarrollo socioemocional, por lo que se hace necesario considerar el qué y el cómo de la actividad
que lleva a cabo la persona y en qué contexto, (Odgers et al., 202020).
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El presente artículo propone distinguir cinco dimensiones de la interacción digital: la intensidad, la temporalidad, la finalidad, el
contenido y el contexto psicológico (Tabla 1). El contexto psicológico es fundamental, dado que la misma exposición puede
asociarse con consecuencias distintas en función de la autoestima, de la ansiedad o la depresión previas, del apoyo familiar, de
las relaciones sociales, de la situación socioeconómica y de la edad.
Tabla 1
Dimensiones propuestas para caracterizar la interacción digital
Dimensión
Aspectos a considerar
Intensidad
Número y duración de las sesiones digitales.
Temporalidad
Uso diurno; uso vespertino; uso nocturno; interrupciones del sueño.
Finalidad
Educativa; laboral; comunicativa; recreativa; social; informativa.
Contenido
Entretenimiento; información; violencia; comparación social; imagen corporal; contenidos
discriminatorios; contenidos relacionados con autolesiones.
Contexto
psicológico
Autoestima; ansiedad previa; depresión previa; apoyo familiar; relaciones sociales; situación
socioeconómica; edad.
Nota. Elaboración propia.
Esta concepción permite avanzar hacia una transición del screen time al concepto de digital engagement o interacción digital,
partiendo de que la salud mental no depende solo del tiempo de uso, sino que depende de la forma de uso y del patrón de uso
(Ahmed et al., 2024; Shannon et al., 2022). De hecho, la evidencia disponible señala que las relaciones entre el uso de dispositivos
móviles y salud mental son complejas, ya que no siempre siguen un patrón nítido, sino que dependen del tipo de uso (activo o
pasivo, momentáneo, detección geográfica) y del momento de uso de los dispositivos viles, pareciendo ser incompatibles
entre sí, por lo que se presenta un diseño heterogéneo y las métricas utilizadas para llegar a establecer conclusiones generales no
son las más adecuadas (Girela-Serrano et al., 2024; Godard y Holtzman, 2024).
Neurociencias: una nueva perspectiva para comprender el problema
La introducción de las neurociencias permite ahondar en los mecanismos mediante los cuales podría estar presente esta
interrelación entre la práctica digital y la salud mental. El cerebro humano se adapta extraordinariamente y el proceso de
experiencia habitual participa en los procesos de aprendizaje, así como en los procesos de plasticidad. Por tanto, la investigación
ha de investigar cómo los patrones digitales habituales pueden entrar en dinámicas de la atención, la memoria, la recompensa, la
motivación, la regulación emocional, el control inhibitorio, la toma de decisiones o el sueño.
No sería correcto afirmar que la pantalla “fastidia el cerebro” en general, la OCDE, de hecho, señala que la evidencia de la
causalidad entre el entorno digital y la mala calidad del entorno infantil sigue siendo reducida (OECD, 2025a); una hipótesis más
rigurosa se centraría en investigar si determinadas tipologías de la interacción digital transforman hábitos y procesos
neuroconductuales que podrían influir en el bienestar psicológico.
Sistema de recompensa y comportamiento digital
Las plataformas digitales tienen mecanismos de reward feedback inmediato. Notificaciones, mensajes, reacciones, comentarios,
recompensas dentro de los videojuegos, recomendaciones pueden existir en ciclos cortos de interacción. La OCDE afirma, a este
respecto, que los videojuegos y las redes sociales están diseñados para maximizar el engagement y que características
estructurales de los juegos, como la de recompensa e incertidumbre, ayudan a mantener sesiones excesivamente largas (OECD,
2025a).
Un estudio longitudinal de resonancia magnética funcional, realizado durante tres años con estudiantes de sexto / séptimo de
escuelas públicas de Carolina del Norte, encontró que una frecuencia habitual de revisión de las redes sociales se asociaba con
distintas trayectorias de sensibilidad neural de anticipación a recompensas sociales y castigo social, con aumentos en quienes
revisaban las redes sociales de forma habitual y decrementos en quienes no revisaban sus redes sociales (Maza et al., 2023). Se
trata de una asociación observacional que no permite deducir ningún supuesto de causalidad
Lo que se plantea es una hipótesis de neuroconductas (ver figura 1): un estímulo digital produce una expectativa de recompensa
que lleva a la interacción que lleva a la retroalimentación que lleva a la repetición; especialmente si se vuelve excesivamente
frecuente, puede ayudar a generar la dificultad para terminar el uso, la dificultad para concentrarse, la fragmentación de la
atención, el desplazamiento de las actividades y el uso nocturno, entre otros.
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Figura 1
Ciclo neuroconductual hipotético de la interacción digital
Nota. Elaboración propia. Se trata de una hipótesis neuroconductual y no de un resultado empírico.
En el mismo sentido el uso ordinario de los dispositivos digitales puede conducir al desplazamiento de otras conductas de
potencial beneficio como puede ser la actividad física, fundamentalmente dependiendo del patrón de uso y el contexto. La OCDE
considera que las actividades digitales pueden ser concurrentes o redundantes con las del mundo físico, por ejemplo, que el
tiempo de visualización sustituya a las actividades físicas o a los juegos presenciales (OCDE, 2025a).
La cuestión científica ya no consiste en constatar si las interacciones digitales producen adicción, sino que consiste en la
identificación de qué patrones de comportamiento digital alcanzan niveles disfuncionales y bajo qcircunstancias. La OCDE
define el uso problemático de los medios digitales como la situación en la que los niños y adolescentes tienen problemas en la
gestión del tiempo online y tienen la sensación de que son incapaces de parar aun cuando ello interfiera en sus aspectos de la
vida diaria o en su bienestar, advierte que en determinados casos pueden surgir comportamientos de tipo adictivo y señala que
no existe una definición unívoca de uso excesivo (OCDE, 2025a). En este sentido es más ajustado investigar el uso problemático
como un patrón de comportamiento disfuncional y no considerar el uso de dispositivos como una adicción per se en sí.
Sueño, neurociencias y salud mental
El sueño es uno de los mecanismos más importantes para el estudio. De acuerdo con la OCDE, una parte extensa de la evidencia
demuestra que el tiempo de la pantalla puede repercutir en la cantidad y en la calidad de sueño de los niños y adolescentes
(OECD, 2025a). De manera argumentada, un metaanálisis del uso de medios digitales y del sueño poco saludable en la
adolescencia apoya que las diferentes fórmulas de uso, que incluyen el uso extensivo y el disfuncional, se conectan con una salud
del sueño poco saludable (Pagano et al., 2023).
Para el uso nocturno de la pantallas puede proponerse un modelo de mediación (Figura 2) donde el uso nocturno de las pantallas
se relaciona con un retraso del sueño o bien con un menor descanso, todo lo cual impacta en la regulación emocional y en el
funcionamiento cognitivo y hace que se aumente la vulnerabilidad a síntomas ansiosos y depresivos. El modelo necesita ser
comprobado longitudinalmente y es un modelo compatible con la evidencia prospectiva que corrobora que patrones determinados
de uso de dispositivos pueden impactar en el sueño y, a la vez, el sueño puede ser un mecanismo entre el uso digital y los
resultados en la salud mental (Dibben et al., 2023).
Figura 2
Modelo de mediación propuesto: uso nocturno de pantallas, sueño y salud mental
Nota. Elaboración propia. El modelo debe someterse a investigación longitudinal y no constituye una causalidad establecida.
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No debería considerarse como causalidad comprobada para una población peruana. Una revisión sistemática en adolescentes
mayores y adultos jóvenes encontró que el uso de medios digitales, en especial durante la noche, estaba asociado con menor
duración o calidad del sueño (Brautsch et al., 2023). Un efecto similar se evidencia en la revisión sistemática actualizada con
metaanálisis que señala esta relación entre el uso de medios electrónicos y menores niveles de calidad del sueño, considerando
diversos dispositivos y maneras de uso (Han et al., 2024).
Ansiedad, depresión y diferencias entre hombres y mujeres
La dimensión de sexo y género es una variable crítica, tal como apuntan estudios realizados en el ámbito internacional, donde se
observa que entre hombres y mujeres hay diferencias en ciertos indicadores de bienestar digital. En este sentido, la OCDE indica
que el uso problemático de las redes sociales y la ansiedad por la desconexión digital son más frecuentes entre las chicas; y que
por su parte los chicos pasan más horas de un día típico de la semana, incluso siete horas o más a la semana para videojuegos,
además de ser los que conducen el ciberacoso (Tabla 2; OECD, 2025a).
Tabla 2
Diferencias entre mujeres y varones en indicadores de bienestar digital en adolescentes de países de la OCDE
Indicador
Edad
Varones
Uso problemático de redes sociales (2021-2022)
11, 13 y 15
años
8 %
Ansiedad o nerviosismo, al menos la mitad del tiempo, cuando no tienen sus
dispositivos digitales
15 años
13 %
Contacto en línea casi constante con amigos o familiares
11 a 15 años
31 %
Tres o más horas en redes sociales en un día típico de semana
15 años
61 %
Siete o más horas jugando videojuegos en un día típico de semana
15 años
8 %
Haber participado en ciberacoso como agresor
11 a 15 años
13 %
Nota. Promedios de países de la OCDE a partir de las encuestas PISA 2022 y HBSC 2021-2022. Fuente: OECD (2025a). Los
datos no corresponden al Perú.
No obstante, los vínculos encontrados entre el uso de las redes sociales, la ansiedad y la depresión son diferentes y dependen,
para algunos de los autores, del tipo de uso, de las características individuales, del tipo de variable de resultado analizada y/o del
contexto de uso. Por un lado, una revisión sistemática de 67 estudios con niños y adolescentes concluyó que el uso problemático
de redes sociales está relacionado con síntomas de ansiedad y depresión; que la duración del uso se relacionó más claramente
con la ansiedad y la depresión en chicas que en chicos; que el sueño, la comparación social, feedback, el ejercicio y el apoyo
social se plantean entre los mecanismos mediadores o moderadores (Saleem et al., 2024); por el contrario, una revisión
sistemática de 32 estudios partió del hecho de que las relaciones entre el uso de las redes sociales y la ansiedad son mixtas y, en
este sentido, evaluó la dirección de la relación, las medidas del uso de redes sociales y la ansiedad, la estratificación demográfica
y la calidad de los estudios (Kerr et al., 2025), constata la evidencia mixta, la cual podría sugerir que los resultados pueden
depender de cómo se mida tanto la exposición como el resultado psicológico.
Tal vez estas diferencias están relacionadas con mecanismos sociales y psicológicos específicos que se postulan en la Tabla 3
como hipótesis y no como resultados.
Tabla 3
Trayectorias hipotéticas diferenciadas por sexo
Grupo
Trayectoria hipotética
Evidencia relacionada citada en
este artículo
Mujeres
Redes sociales, comparación social, imagen corporal/autoestima,
regulación emocional, síntomas ansiosos/depresivos.
Bonfanti et al. (2025); McCarthy y
Morina (2020); OECD (2025a).
Hombres
Videojuegos/redes digitales, uso prolongado, reducción del
sueño/actividad física, aislamiento, regulación emocional, síntomas
psicológicos.
OECD (2025a); Stevens et al.
(2021).
Nota. Elaboración propia. Las trayectorias son hipótesis y no conclusiones.
La comparación social es un mecanismo psicológico especialmente importante. Una revisión sistemática con metaanálisis de 83
estudios lleva a la conclusión de que una mayor comparación social online se relaciona con mayores preocupaciones sobre la
propia imagen (r = 0,45), con más síntomas de trastornos de la conducta alimentaria y con menor imagen corporal positiva;
además, la proporción de participantes mujeres fue uno de los moderadores de estas relaciones (Bonfanti et al., 2025). Otra
revisión sistemática con metaanálisis estudió la relación de la comparación social con la depresión y la ansiedad (McCarthy y
Morina, 2020).
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En el caso de los videojuegos tenemos que distinguir entre el uso recreativo y los patrones problemáticos de juego. Se considera
que el trastorno por videojuegos es el patrón que se caracteriza por un uso excesivo o compulsivo que interfiere en el
funcionamiento personal, social o académico, y la OCDE dice que los chicos son más propensos a ello, mientras que las chicas
y adolescentes lo son al uso problemático de redes sociales y teléfono móvil (OECD, 2025a). En cuanto a la prevalencia global
del trastorno por videojuegos ha sido estimada mediante una revisión sistemática con metaanálisis (Stevens et al., 2021).
El estudio empírico deberá determinar si hay diferencias estadísticamente significativas y cuáles son sus mecanismos.
Neuroeducación como estrategia preventiva
La neuroeducación puede llegar a ser uno de los ejes o motores fundamentales de la respuesta preventiva. En lugar de incidir en
“no uses tanto el móvil”, iríamos a “entiende cómo actúa tu cerebro frente al entorno digital y cómo eres capaz de regular tu
conducta tecnológica”. La OCDE también destaca esa dimensión docente, escolar y de sistema en el desarrollo de la digital
literacy y la ciudadanía digital y en la comprensión de los riesgos del entorno digital.
Un programa de neuroeducación digital tendría que tener en cuenta el cerebro y el aprendizaje, la atención y la multitarea, la
recompensa y los hábitos, la regulación emocional, el sueño, las redes sociales y la comparación, el ciberacoso, el estrés digital,
la inteligencia artificial, el autocuidado y el bienestar digital. Para ello de lo que se trata es de potenciar el desarrollo de la
autorregulación neurodigital.
Inteligencia artificial para la detección temprana
La inteligencia artificial representa una segunda oportunidad estratégica de complementar las estrategias de prevención. No sólo
podría ser utilizada para generar contenidos educativos, sino también para identificar patrones de riesgo. Una revisión
sistematizada sobre los métodos de fenotipado digital en la depresión, fundamentado este en datos obtenidos a partir de teléfonos
móviles inteligentes, indica que esta información conductual, recogida mientras las personas desarrollan sus actividades
cotidianas, podría facilitar el monitorizado y la intervención en individuos con trastorno depresivo mayor (Leaning et al., 2024).
Un sistema preventivo podría integrar información relativa al uso digital, la calidad del sueño, la actividad física, el rendimiento
académico, cuestionarios psicológicos y cambios en el comportamiento.
De este modo, la inteligencia artificial permitiría detectar combinaciones del aumento del uso nocturno de la pantalla, la
disminución de la cantidad de sueño, la disminución del rendimiento, el aislamiento y el aumento de los síntomas de ansiedad y,
en consecuencia, generar la señal de un riesgo de prevención.
Se debe establecer un límite: la inteligencia artificial no debe reemplazar al psicólogo, al psiquiatra o a otros profesionales de la
salud, sino todo lo contrario, tiene que facilitar la identificación temprana, la evaluación profesional y, también, el seguimiento.
El modelo NEURO-PERÚ DIGITAL
A partir de la integración de la evidencia de la OCDE, las neurociencias y la IA, se propone el modelo conceptual NEURO-
PERÚ DIGITAL, basado en cinco componentes (Tabla 4).
Tabla 4
Componentes del modelo NEURO-PERÚ DIGITAL
Letra
Componente
Propósito
N
Neurociencias
Comprender el cerebro, la atención, la recompensa, el sueño y la regulación emocional.
E
Educación
Desarrollar competencias de autorregulación y ciudadanía digital.
U
Uso saludable
Promover una utilización tecnológica equilibrada y contextualizada.
R
Riesgo temprano
Identificar señales tempranas de deterioro psicológico.
O
Observación longitudinal
Construir evidencia científica peruana mediante seguimiento poblacional.
Nota. Elaboración propia. El modelo se complementa con la articulación de la inteligencia artificial, la salud pública, las
universidades, las familias y los profesionales de salud mental.
Propuesta de investigación nacional
Se sugiere llevar a cabo el Estudio Nacional Peruano sobre Pantallas, Neurociencias y Salud Mental (NEURO-PERÚ), con un
desarrollo longitudinal, multicéntrico y de cohorte, en el que la población de estudio estará compuesta por adolescentes, jóvenes
y adultos; las variables principales están resumidas en la Tabla 5.
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Tabla 5
Diseño y variables principales del estudio NEURO-PERÚ
Elemento
Descripción
Diseño
Cohorte longitudinal multicéntrica.
Población
Adolescentes, jóvenes y adultos.
Exposición
Tiempo de pantalla; redes sociales; videojuegos; streaming; mensajería; uso educativo; uso
laboral; uso nocturno.
Resultados
Ansiedad; depresión; estrés; soledad; bienestar; calidad del sueño.
Mediadores
Sueño; actividad física; regulación emocional; aislamiento; ciberacoso.
Moderadores
Sexo; edad; región; nivel socioeconómico; ruralidad/urbanidad; apoyo familiar.
Nota. Elaboración propia.
Hipótesis de investigación
Se plantean siete hipótesis de investigación (Tabla 6).
Tabla 6
Hipótesis de investigación del estudio NEURO-PERÚ
Código
Enunciado
H1
El uso recreativo intensivo de pantallas se asociará con mayores niveles de sintomatología ansiosa y
depresiva.
H2
La asociación estará parcialmente mediada por alteraciones del sueño.
H3
El efecto de determinados patrones de uso digital diferirá entre hombres y mujeres.
H4
El ciberacoso y determinadas experiencias digitales negativas presentarán asociaciones más fuertes con
problemas de salud mental que el tiempo total de pantalla.
H5
La actividad física y el apoyo social actuarán como factores protectores.
H6
Los modelos longitudinales mostrarán relaciones bidireccionales entre la salud mental y el uso digital.
H7
Los modelos de IA podrán contribuir a identificar patrones de riesgo temprano con utilidad preventiva,
siempre bajo supervisión clínica y con criterios de privacidad y ética.
Nota. Elaboración propia.
Metodología estadística propuesta
Para conseguir un rigor metodológico adecuado el estudio debe ir más allá de un análisis transversal clásico. Se recomiendan
regresión multivariable, modelos de efecto mixto, análisis longitudinal, propensity score, modelos de mediación, análisis de
moderación, la interacción sexo × exposición, modelos de ecuaciones estructurales, análisis de clases latentes o machine learning
para la predicción.
Una representación simplificada del modelo analítico sería la siguiente:
con sexo × edad × contexto socioeconómico como moderadores.
Implicancias para la política pública peruana
Las consideraciones de mayor agrado favorecen que el Perú el salto desde una política de restricción tecnológica a una política
de bienestar digital. En ese sentido, la propia OCDE establece que tipificar como prohibido el uso de los dispositivos digitales
no es lo más apropiado, porque además de que los niños y adolescentes deben aprender a desarrollar una serie de habilidades
digitales importantes en sus futuras vidas, está orientado hacia un enfoque multisectorial en el que participen, bien se conformen,
los gobiernos, los proveedores de servicios digitales, los profesionales de la salud, los docentes, los especialistas, las familias y
los niños (OECD, 2025a). De ahí que el enfoque, por lo tanto, no debe ceñirse a restringir el uso de la tecnología, sino que debe
incluir intervenciones digitales basadas en la evidencia orientadas a limitar los síntomas de la ansiedad y la depresión, que han
sido mostradas como eficaces en ensayos controlados aleatorizados (Liu et al., 2025).
Una política peruana de bienestar digital debería integrar los actores y las funciones que se resumen en la Tabla 7.
Pantallas Sueño Regulación emocional Ansiedad/depresión
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Tabla 7
Actores y funciones de una política peruana de bienestar digital
Actor
Función
Ministerio de Salud
Prevención, diagnóstico y tratamiento.
Ministerio de Educación
Neuroeducación y ciudadanía digital.
Universidades
Investigación, innovación y evaluación de intervenciones.
Familias
Hábitos digitales saludables.
Sector tecnológico
Diseño responsable de plataformas.
Investigadores
Evaluación científica independiente.
Nota. Elaboración propia.
Propuesta institucional: Observatorio Peruano de Neurociencias, Inteligencia Artificial y Bienestar Digital
El modelo podría institucionalizarse mediante la creación de un Observatorio Peruano de Neurociencias, de Inteligencia Artificial
y de Bienestar Digital. La propuesta es consistente con la recomendación de la OCDE de potenciar la capacidad evaluativa de
los países para entender el impacto de los medios digitales en la vida de los y las niñas y adolescentes, así como para poder hacer
seguimiento a los desafíos de rápida evolución que existen (OECD, 2025a). Sus funciones serían las siguientes:
generar datos longitudinales;
estudiar diferencias por sexo;
monitorear tendencias;
investigar el sueño y el uso nocturno;
evaluar el ciberacoso;
desarrollar herramientas de prevención;
evaluar modelos de IA;
producir indicadores nacionales;
formular recomendaciones de política pública.
Este observatorio podría convertirse en una plataforma nacional de cooperación entre universidades, instituciones públicas y
centros de investigación.
Discusión
La principal aportación conceptual de este artículo consiste en proponer que este fenómeno no debe ser entendido como una
relación simple entre pantallas y depresión. Este modelo propone un esquema más complejo (ver Figura 3): la tecnología nos
trae patrones de interacción digital; estos patrones se tienen en cuenta en los procesos conductuales y neuropsicológicos que
incluyen el sueño, la atención, la regulación emocional, la actividad física y las relaciones sociales; y de estos se obtienen
bienestar o vulnerabilidad psicológica, y en consecuencia, la ansiedad y la depresión.
Figura 3
Marco conceptual integrador de la relación entre tecnología, salud mental y bidireccionalidad
Nota. Elaboración propia.
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Además, esta trayectoria puede ser bidireccional, ya que las personas que presentan un trastorno como la depresión o ansiedad
podrían aumentar su uso de dispositivos frente a la sensación de escapismo, comunicación o búsqueda de apoyo. La bibliografía
científica ha puesto de relieve la existencia de relaciones bidireccionales entre uso de redes sociales y depresión, como es el caso
de Vidal et al. (2020), así como también ha sugerido la bidireccionalidad entre el uso problemático de medios digitales y bienestar
considerando la existencia de vulnerabilidades preexistentes como elementos que pueden agravarse en ambos sentidos (OECD,
2025a). Con esta perspectiva no solo se puede considerar el bienestar psicológico como un resultado del ambiente digital, sino
que también se puede observar el bienestar psicológico como un resultado determinante mediante el cual se manifiestan síntomas
o trastornos, como postulan Ansari et al. (2024).
Un estudio con adultos en Estados Unidos también investigó la relación temporal entre el uso de redes sociales y los síntomas
depresivos (Perlis et al., 2021), siendo esto un punto que apoya la consideración de las asociaciones en los tiempos que corren
mediante diseños adecuados que tengan en cuenta la evolución del tiempo.
Por lo tanto, la salud mental puede influir y ser influida por el comportamiento digital, por lo que son necesarios diseños
longitudinales.
Limitaciones
Este artículo espone fundamentalmente un marco conceptual y una agenda de investigación, pero no debe interpretarse como el
resultado de un estudio epidemiológico original, dado que, por tanto, no se puede considerar como evidencia de causación entre
pantallas y depresión o ansiedad en la población peruana.
Las diferencias que observan hombres y mujeres en los estudios internacionales, por ejemplo, en el dato de países de la OCDE
recogido en la tabla 2, no pueden ser asumidas de forma automática para el Perú.
Finalmente, la IA para la predicción de riesgo plantea importantes cuestiones de privacidad, consentimiento informado, sesgos
algorítmicos, protección de menores, seguridad de la información, explicabilidad y responsabilidad profesional. Entre los riesgos
para el bienestar social y la inclusión que destaca la OCDE, encontramos la amplificación de sesgos y discriminación y la erosión
de la privacidad (OECD, 2025a). Todos estos elementos deberian estar presentes en cualquier investigación futura.
Conclusiones
El crecimiento de las tecnologías digitales nos lleva a replantear la relación que existe entre la sociedad, el cerebro y la salud
mental. La evidencia presentada por la OCDE indica que la relación entre la digitalización y la salud mental es heterogénea y
dependiente de la situación contextual, por lo que utilizar el número de horas de pantalla como indicador del riesgo resulta ser
algo que no arroja datos suficientes debido a lo variable de la relación entre ambos conceptos.
En Perú, donde la depresión y la ansiedad constituyen retos importantes de salud pública, es clave la construcción de evidencia
longitudinal que permita identificar qué patrones de utilización digital se asocian a deterioro o bienestar psicológico.
Las neurociencias ofrecen la posibilidad de estudiar los mecanismos relacionados con la atención, la recompensa, el sueño y la
regulación emocional; la neuroeducación puede permitir transformar ese conocimiento en propuestas preventivas; y la
inteligencia artificial nos puede ayudar a identificar patrones de riesgo y crear un sistema de intervenciones personalizadas,
siempre y cuando haya el debido apoyo profesional y respetando normas éticas estrictas.
Por lo tanto, este artículo plantea el paso del paradigma de la salud mental digital a la salud neurodigital y el modelo NEURO-
PERÚ DIGITAL que tiene como finalidad no luchar contra la tecnología sino la creación de una relación sana entre el cerebro
humano y el ecosistema digital. La pregunta estratégica para Perú pasa de ser “¿cuántas horas de pantalla son demasiadas?” a
“¿cómo utilizar las neurociencias, la educación y la inteligencia artificial para construir un ecosistema digital que proteja y
afiance la salud mental de hombres y mujeres?”.
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